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El caos son vidrios rotos, y estoy caminando descalzo

Quiero correr como un demente;
quiero gritar y rabiar con el viento inclemente,
y con la marea, y con las corrientes
que persiguen sueños indecentes,
que no merecen flotar en mi presente…

Estoy sofocado, cansado,
de tanto andar extraviado
por caminos marchitos y promesas rotas.

Pero las ilusiones todavía se ríen de mí y de mi tiempo.

De mi tiempo…

Temo en secreto que nunca más pueda volver a sonreír
ahora que el ahogo inunda un pozo del que ya no puedo salir.
“Perdido, todo está perdido” llora una voz, oculta en un rincón inexistente
de podredumbre y huesos resecos que se burlan al verme tan insistente.

Quiero volar, pero no tengo alas.
Quiero gritar, pero no tengo boca.
En mi pecho hay una cadena que demasiado fuerte tira
y mi corazón emponzoñado de avaricia, codicia e inmundicia
me abrasa, me quema las pupilas;
torturando memorias mientras una sombra se ríe a carcajadas
de mi cuerpo que se retuerce en sueños demasiados extraños;
y no quiero…

Quisiera perderme en un día de estos,
y que en colillas de cigarro se esfumen todos mis sueños:
Cambiar todas mis victorias por sonrisas pasajeras,
montañas lejanas por horizontes inalcanzables,
levantar la maldita piedra de sísifo sólo para verla reventar mi cuerpo,
justo antes de llegar al cielo…

El tiempo y el aire pasan por el agujero que tengo por pecho
para darle fuerza a mis movimientos.
¿Qué otra cosa podría bombearle voluntad a mi cuerpo entumecido
carente de razón y sentimientos?

Me siento maldecido, condenado a vagar por este mundo enardecido;
a vivir
para que se me troquen mis parajes por campos resecos y estériles
de los que no encuentro la salida,
donde ni el sol entrega calor ni el frío compañía;
porque cuando la luz revela lo que en la oscuridad me acecha,
sólo puedo ver una fina lluvia roja
cayendo implacable sobre la dura acera,
donde la soledad aulla con el viento
y nunca nadie pasa;
por evitar entrar en comunión con el caos del desierto
del que yo, hoy, soy prisionero entre los granos de arena.

Libérenme…
porque me miro al espejo y veo un reflejo normal
que pareciera ocultar al monstruo que espero encontrar.

Y aún, pese a todo, sigo siendo tan solo un hombre tonto,
sosteniendo con lágrimas los vidrios rotos;
llenos, tiempo atrás, de un tiempo dulce y bello
que ya no volverá jamás.


La imagen pertenece a los trabajos de Antycasper. Pueden ver más de sus trabajos aquí.

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