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face in water

Una parte de mí siempre estará ligada al mar. Atrapada en su reflejo misterioso, a veces sereno, a veces intranquilo. Pero siempre indomable.

¿Quien nos recordará, sino el oleaje embravecido?
Caminando raudo entre prados extinguidos
guardará en su vientre miradas fugaces
de los días en que nos vió perseguir sueños demasiado audaces.
No, querida: El tiempo se comerá hasta al olvido;
y para ese entonces sólo el mar tendrá latidos,
dentro de los cuales todavía clamo por tu nombre
entre los estertores fulminantes de la lumbre.

¿Alguien más me reconoce?
Entre los espejismos del mar del norte
o el frío implacable del sur pasadas las doce;
porque mis lágrimas no tienen bote
y recorren los océanos como si fueran montes.
Me llevan a profundidades imprevistas
quitándome el miedo y la vista,
empantanando mis sentimientos,
carcomiendo mis pensamientos,
saturando mis venas de pies a cabeza,
con imaginarios endebles,
con alucinaciones inalcanzables,
juguetean con mi vida con gran torpeza.

Te llevo en la memoria y en un pendiente,
y aunque lucho contra una corriente demasiado fuerte
que me arrastra, inexorable, hacia la muerte,
tu recuerdo me basta, pese a tu ausencia;
porque hasta el aire que pierdo pareciera perderlo con gracia;
y el beso que nunca me diste es un acto de clemencia:
Un refugio esperanzador entre tanta tormenta.

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