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walking into light

La perfección se logra al fin, no cuando no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que obtener.
-Antoine de Saint-Exupery-

-Hey, muchacho, ¿Estás bien? ¿Te sientes mejor ahora?

Tayel recuperaba el conocimiento cuando escuchó aquellas palabras, que parecían haberle esperado. Abriendo lentamente los ojos, se encontró reposando en el suelo de una habitación del hospital en el que había estado vagando. Al ponerse inmediatamente en pie, descubrió que la habitación estaba bien cuidada y era reducida en espacio, como planeada para una consulta; poseía un blanco radiante, y estaba bien iluminada por la luz de que emanaba de las ampolletas en el techo. Al fijar su atención en la persona frente a él que le había dirigido la palabra, notó que era un hombre de edad de mirada afable y relajada, de barba y cabello largo y descuidado, con una serie de arrugas marcadas por las sonrisas y alegrías que debió de tener en su juventud; se encontraba descalzo, vestía una larga túnica celeste y se encontraba sentado. A su lado, acurrucada en el suelo, reposaba, acariciada por el hombre, una criatura negra de considerable tamaño y con forma de pantera. Aquello le produjo a Tayel un gran sobresalto, y no sería la única sorpresa que viviría…

-Tranquilo. No te hará nada-Aseguró convencido el anciano, como adivinando sus pensamientos. No obstante, Tayel reconocía en aquella criatura a la misma bestia horrenda e indescriptible que le había cazado y perseguido salvaje y despiadadamente por aquellos mundos extraños y confusos de los que había intentado escribir, aunque sin demasiado éxito. Aún pese al sobresalto inicial, sin embargo, Tayel se llevaba una sorpresa grande al notar que la actitud, el comportamiento y hasta la escencia misma de la criatura ante sus ojos eran diferentes: No había maldad alguna, ni deseo de destruir ni asesinar. Todo aquello parecía producto de alguna pesadilla o de otro ser similar pero diferente. La visión no podía ser más desconcertante, y sin embargo era real-. Ha sido “purificada”. Ha recobrado su sentido y su misión original.

Tayel escuchó aquellas palabras, pero simplemente rebotaron en su interior, sin ser capaz de lograr comprenderlas a cabalidad. Esto se debía a que su atención se enfocaba en esos momentos en el hombre que le hablaba tan serenamente. Su apariencia se le hacía tan familiar que cuando la palabra vino a su mente, salió de su boca sin llegar a darle un segundo pensamiento:

-… ¿Dios?

El hombre abrió los ojos, visiblemente sorprendido; pero emitió inmediatamente una carcajada tan pacífica que Tayel no llegó a sentirse como un tonto por haberse equivocado.

-No, no. Creo que me confundes con alguien más… o algo. No conozco a profundidad muchos de sus conceptos, aunque los haya escuchado miles de veces antes. Yo -dijo solemnemente- soy un Arquitecto. No creo que tenga que entrar en más detalles al respecto…

-¿Un… arquitecto?-Interrumpió Tayel, sin darse cuenta de que el Arquitecto planeaba continuar.

-¡Vaya! Parece que sí necesitaras una pequeña explicación-Dijo el Arquitecto, haciendo atención inmediata a sus palabras-: En pocas palabras, diseño y creo realidades a voluntad. También invento y doy forma a los diversos componentes que les integran, a los que se forman como consecuencia o a los que me “sugieren”, ¿No es interesante? Cualquiera puede acceder a cualquiera de estos mundos o realidades, de manera claramente consciente o de la manera más sutil e inconsciente; es lo que ustedes, humanos, llaman “sueños”, ¿No es así? Aunque aún ninguno de ustedes ha llegado corpóreamente a uno de mis mundos, todos logran acceso a ellos a través de sus sueños, lo cual me agrada muchísimo, porque nunca carecen de visitas. Algunos de mis creaciones son muy placenteras para ustedes, otras no tanto; otras mejor olvidarlos, ¿No? Jajajaja. Mucho depende de cómo me sienta al momento de crear estas realidades, o de las modificaciones que ustedes mismos realicen, dado que mis obras no logran ser estáticas y perdurar tal cual fueron creadas. Cuando las origino, les doy formas tan distintas y aleatorias que en varias ocasiones llegan a entremezclarse o colisionar entre sí.

Tayel escuchaba asombrado, sin llegar a creerse lo que oía.

-Yo soy el Arquitecto de este mundo-Continuaba el anciano-, y el responsable de este planeta, también. Es por eso que en su inconsciente el contacto con las realidades ajenas ha sido escaso, dado que son muy pocos los espíritus sensibles que logran viajar a realidades más profundas que las exclusivamente diseñadas para ustedes. No obstante, mis labores van más allá de eso, pero tal vez conocer ese secreto sea más de lo que necesites saber, por lo que guardaré silencio al respecto. Sin embargo, tuviste una terrible experiencia en un mundo que era de mi exclusiva responsabilidad, y por eso te pido disculpas. Es muy difícil, en ocasiones, descubrir todos los factores y desentramar los hilos y las líneas correctas que le dan forma a las realidades. Afortunadamente, sin embargo, lograste salir; y por ello, y en base a mi negligencia (que, pese a todo, no podré prevenir) responderé a cualquiera de tus dudas, exceptuando, claro está, aquello que simplemente no comprendes ni debes comprender… aún.

Las palabras del Arquitecto despertaron en Tayel una multitud de sentimientos, recuerdos y preguntas. Tembloroso, de su boca la duda más grande surgió a la luz:

-¿Es… estoy… muerto…?

-¡Oh, no, muchacho!-Respondió amablemente el Arquitecto, aunque luego, como recordando algo, su voz se volvió un poco más grave y sentenciosa-. Pero tampoco estás vivo, exactamente.

-¿A qué se refiere?-Preguntó Tayel, aún confundido.

-Pues a que estás, y estuviste, en una realidad que no es la tuya. Verás, tú llegaste de manera involuntaria a aquel mundo diseñado por mí, y lo llenaste de tus recuerdos y emociones más inmediatos. Muchas cosas se amoldaron y modificaron conforme pasabas más tiempo, ¡Y vaya que modificaste cosas! Incluso manipulabas indirectamente aquel mundo de sueños con tu sola voluntad. Poco faltó para que indirectamente destruyeras aquel mundo, y por lo tanto a sus habitantes. Ni aún mi guardián aquí pudo hacer el trabajo, por corrompido que estuviera…

¡¿Osea que esa cosa es creación tuya?!-Exclamó Tayel, sin dejar de sorprenderse de lo que estaba escuchando. Sus alrededores parecían comprimirse y dilatarse, y una súbita sensación de mareo le hizo perder el equilibrio. Sus sentidos, con todas aquellas palabras reveladoras, se estaba convulsionando. Tantas verdades en tan poco tiempo le estaban pasando la cuenta.

-¡Hey! Tranquilízate… y escúchame bien-Dijo el anciano Arquitecto, a todas luces preocupado por el aspecto del joven, aún cuando permaneciera visiblemente calmado en su asiento, como si supiera todo lo que iba a suceder-: Esta “cosa” fue diseñada y construída por mí con la misión tanto de restaurar y reparar las anomalías que pusieran en peligro el tejido original del plano onírico, así como de… liberarle de la presencia humana estancada. No pensaba, evidentemente, que su estructura o su diseño llegarían a deteriorarse con los residuos etéreos de los humanos, al punto de que se convertiera en una entidad despiadada y enfocada en la destrucción a la que tendría que reparar. Afortunadamente ya está hecho, y ahora su primera misión consistirá en reparar el daño ocasionado a los cuerpos espirituales para enmendar las anomalías que se retransmitieron a su propio plano de existencia. Mis más sinceras disculpas a tí, especialmente, que lograste sobrevivir. No te preocupes por el resto. Mientras hablamos se están tomando medidas a lo largo y ancho de todos los planos oníricos y existenciales.

Tayel cayó al suelo. No comprendía mucho de lo que había oído… pero cuando oyó hablar de “presencia humana estancada”… las palabras anteriores comenzaron a surtir cierto efecto, y tuvo una súbita realización. Casi en shock, consiguió gesticular las palabras que le permitieran confirmar aquella información:

-¿Cómo… llegué hasta aquella… dimensión?

-Pues a través de una falla de tus funciones corporales, claramente-explicó el Arquitecto, de una manera, tan sencilla y simple, pero tan demoledora, que Tayel no podía sino pensar en la inconsciencia del anciano del daño que podía ocasionar.

Tayel estaba en coma. No sabía cómo, ni por qué, pero ahora estaba seguro de cual era su situación; el por qué de aquel llamado lejano y distante, de su búsqueda interminable por encontrar sus recuerdos, a sus seres queridos, su despertar, que nunca llegó: Un estado de sueño permanente. Todo estaba claro ahora. Eso explicaba el por qué no podía despertar de aquel mundo y por qué podía manipularle tan bien.

-Es, de hecho-continuaba el Arquitecto, visiblemente emocionado-, asombroso lo que ustedes pueden lograr en estos estados: Alterar un mundo completo con sus recuerdos, llenarlo con los seres que sus emociones buscan, crear lugares y estructuras nuevas con tan sólo los pensamientos solidificados de su inconsciente… pero esa es la razón misma de por qué el quedarse entre dos mundos es tan peligroso. Nuestros guardianes los remueven de estos mundos cuando se encuentran en ese predicamento, no sólo por la posibilidad de destruir el tejido o la base misma del plano con sus esencias, sino por el peligro que acarrea el estar demasiado tiempo expuesto a la soledad y a la incoherencia del mundo de los sueños. Es tan difícil salir y tan sencillo quedar prisionero que mis guardianes deben recurrir a la ya mencionada remoción. Sin embargo, hay dos puertas de salida. Tú lograste salir, efectivamente. Pero el resto…

-¿Mueren?-Preguntó Tayel, cada vez más tembloroso.

-Sí, podríamos llamarlo así, ¡Tal cual como en la tierra! Mueren… Libera sus espíritus, más que nada; si es que crees en esos conceptos. Debo felicitarte. Venciste ese destino con tu fuerza de voluntad, como ningún otro antes lo había conseguido. Y por eso puedes volver.

“Volver”. Esa palabra golpeó con fuerza en el corazón de Tayel más que nada de lo que antes había oído. Quería volver a ver a aquellas personas que dejó atrás sin querer. Quería estar otra vez entre ellos. Pedir perdón. Enmendarlo todo. Volver a ser feliz… ¡El mensaje! Aún debía entregarlo. Estaba tan cerca ¡Al fin podría decirlo!

-¿Que necesito para volver?

-Ya casi estás de vuelta, mi amigo. De hecho, llegaste al plano más cercano a tu mundo-Dijo el Arquitecto, sonriente, mientras se levantaba de su asiento y le revelaba la cama detrás de él.

Detrás del anciano aparecieron personas, muchas personas. Tenían lágrimas en los ojos, estaban silenciosas y de pie, expectantes. En la cama había un cuerpo, que vagamente se asemejaba al suyo; sin embargo lo reconocía como el suyo propio pese a la cabeza rapada, la cantidad de tubos y las maquinas cercanas a él. Se acercó lentamente.

-Te van a desconectar-Anunció el Arquitecto.

Ante el sobresalto de Tayel, que le hizo acercarse más rápidamente, el Arquitecto le detuvo gentilmente con su brazo.

-Tranquilo-Dijo-. El tiempo está parado. Sólo quiero darte una última palabra de advertencia: No conozco el auténtico estado corporal de los humanos. Volver involucra grandes riesgos, entre ellos volver al estado en que tu cuerpo se encuentra. Tal vez no pueda albergar a tu alma todavía, razón por la cual terminaste en una de mis dimensiones. Si vuelves, no habrá nada que pueda hacer por tí…

Por primera vez desde que se encontró con el anciano, era Tayel el que sonreía.

-Salvo llevarme al otro mundo sin dolor o daño, no es mucho lo que puedas hacer por mí.

-Tienes razón. Aunque quería tan sólo prevenirte. Esto va a doler.

-Estoy consciente de ello.

-Adiós entonces, mi amigo-Exclamó con energía el Arquitecto, mientras se desvanecía en la luz-… ¡Y buena suerte! Quisiera decir que no te olvidaré por lo que has logrado, pero te estaría mintiendo, mi buen muchacho. No obstante, nos veremos otra vez… ¡Y espero, de veras, que sea más tarde que temprano!

Tayel dió los últimos pasos que le separaban de su cuerpo: Su conexión de regreso al mundo de los vivos. Había pasado ya demasiado tiempo entre los muertos y entre los perdidos y era hora de finalmente regresar a casa. Inspiró profundamente y pensó realmente en su decisión y en las consecuencias que esto llevaría. Era, tal vez, un desafío aún mayor al que tuvo que enfrentar en el camino que dejó atrás. Ante aquella última duda, sin embargo, rememoró la fortaleza en la oscuridad y su memoria le trajo a todos aquellos hombres y mujeres que le conformaban. Todas aquellas almas perdidas que hubieran muerto mil veces más a manos de aquel ser despiadado tan sólo por afrontar la oportunidad que tenía él frente a sí. Y todavía estaba el mensaje. No dudó un segundo más.

-Estoy aquí.

—————————————

Cuando abrió sus ojos, sin previo aviso, los otros ojos se abrieron de par en par en la habitación. Todos se sobresaltaron cuando vieron que, a segundos de apagar las máquinas, aquel hombre destrozado volvía a la vida. Llamaron inmediatamente a los médicos y a las enfermeras para que le asistieran, mientras los familiares y amigos de Tayel entraban en una sorpresa emocional arrasadora. El esposo, el padre, el padrastro y el amigo de los presentes estaba de vuelta entre ellos. El júbilo, el llanto, la confusión y la sorpresa se habían esparcido entre los presentes, al punto de que estaban todos dándose abrazos, gritando a vivo pulmón y aplaudiendo.

Pese a esta algarabía, no había nadie más feliz que el mismo Tayel: Lo había conseguido. El dolor era indecible, pero estaba de regreso y eso importaba más que todo lo demás. Frente a él, al lado de la cama, estaba Ayleen. Era ella, podía reconocer y recordar su rostro, y veía en él lágrimas que le enternecían indescriptiblemente, haciendo trabajar a su corazón como hace mucho tiempo no lo hiciera. ¡Cuántas noches habría pasado aquella mujer valiente a su lado, hablandole al oído, inspirándole valor! Sus recuerdos le decían que sí se había casado con ella y que no había cometido el error de haberla abandonado. Hizo un esfuerzo por levantar su mano y estrechar la suya, acariciarla, llevarla a su pecho, tocar sus labios…

Pero no pudo.

Algo estaba fallando. Su cuerpo no estaba respondiendo como él quería. Era lo que el Arquitecto le había advertido. Su cuerpo no estaba listo. Llegaron los médicos, los paramédicos y las enfermeras, intentaban reanimarlo; pero en un súbito control de su cuerpo levantó su mano.

-¡¡Alto!!-gritó con todas sus fuerzas.

Obedeciendo a sus palabras, los gritos, el espanto, el correteo, las voces, el movimiento y todo lo demás había entrado en un súbito detenimiento. Todos le miraban, asombrado.

-Ayleen.

La mujer se acercó.

-¿Sí… cariño?

-No sabes por lo que he pasado para verte de nuevo: Quería decirte que te amo, una vez más. Te doy las gracias… por todo…

Ella entendió a lo que se refería y trató de hablarle, convencerle, animarle, pero él levantó firmemente su mano una vez más y ella guardó silencio, obediente. Las lágrimas volvieron a salir de sus ojos. Esta vez cargadas de amargura.

-Amigos míos… les pido perdón. A quienes ofendí… les pido perdón… a quienes insulté… les pido perdón… a quienes traté mal… les pido perdón. A quienes ignoré… les pido… perdón…

El silencio comenzaba a romperse con aquellas palabras. Pequeños sollozos sonaban en todas partes. Tayel se sintió molesto; algo que pensó que no le ocurriría. Miró por la ventana una última vez, viendo volar a una paloma blanca. Señal definitiva de lo que ocurriría. Sí. Lo había conseguido.

-Los quiero… los quiero a todos… los amo… a todos… a todos ustedes… así que… no lloren… idiotas…-jadeaba, con una sonrisa burlona, mientras su vida comenzaba a extinguirse.

Todos, en ese momento de dolor, le rodearon; y entonces, en medio de todo aquel sufrimiento, sintió nuevamente la dicha de haber llegado hasta ese momento.

-No lloren… no lloren… no… lloren… no… ll…or…en…-insistió angustiado, hasta que se le había acabado la energía para articular una palabra más.

Sus hijos tomaron una de sus manos, Ayleen tomó la otra… y entonces, inesperadamente, su hijastro se puso a cantarle:

-Cuando un sueño se te muera… o entre en coma una ilusión…

¡Era Mägo de Oz! ¡”Hoy toca ser feliz”! Pudo haber sido cualquier canción… ¡Pero era esa, precisamente! Era su canción favorita y no podía encontrar una mejor para aquel momento final. Era como cerrar una película, un libro; la última pincelada del cuadro. En cosa de segundos, todos los que conocían la canción habían empezado a cantar, y sus lágrimas corrían libremente, sin dolor.

Todo aquello parecía demasiado perfecto; un sueño… Pero, ¿Qué el la vida misma, sino un sueño elaborado que puede torcerse a voluntad?

Con lo último de sus fuerzas, juntó una gran sonrisa, con la que partió, al fin, hacia lo desconocido. Había sido una larga batalla…

Finalmente, tras todos sus sufrimientos, Tayel había triunfado.

A fin de cuentas, todo es un chiste.
-Charles Chaplin-

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