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Cuando más desquiciada está la vida de la mente, más abandonada a sí misma queda la máquina de la materia.

-Johann Wolfgang Goethe-

Al abrirse los ojos previamente dormidos, se le aparecieron imágenes borrosas y escalofriantes de un gran edificio abandonado. El hombre que percibía los alrededores con aquellos sentidos agotados y tensos buscó incorporarse, descubriendo una tremenda dificultad en ello. No obstante, habiéndose decidido, se apoyó en una pared y consiguió ponerse en pie, mientras aquel lugar le daba una señal…

Se acercaba el final.

Había algo en aquel lugar que le traía recuerdos. Memorias. Pensamientos. La locura se había ido, abriendo paso a una mente nuevamente clara y cuerda. ¿Qué había pasado? Por un momento había perdido todo, su humanidad, su cordura, sus emociones y su sentido de la orientación y el tiempo. Ahora que todo comenzaba a regresar… recordaba, al mismo tiempo, los sucesos que la irracionalidad le había quitado y como había logrado llegar hasta aquel nuevo lugar: Un hospital, a todas luces.

El lugar en que se encontraba era un pasillo estrecho y larguísimo. A lo largo de éste se veían diversas puertas, abiertas o cerradas, a los costados del pasillo, que llevaban a una serie de habitaciones. El piso estaba lleno de vidrios rotos, camillas caídas y utensilios médicos, delatando con facilidad el sitio y quitándole el misterio. En el techo habían luces apagadas y otras parpadeantes. Las paredes parecían agrietadas, dañadas y con la pintura descascarada ahí donde la había. El papel tapiz estaba desgarrado y ausente en varias secciones de las paredes no pintadas, y un hedor a muerte contaminaba todo. Aún así, lejos de sentir miedo, decidió continuar con una curiosidad y ansiedad incrementadas. Había algo muy importante allí y tenía que revelarlo.

En su mente todo comenzaba a despejarse. Absolutamente todo; y aunque era gradual, nada parecía detener semejante avance. El mundo en que había estado parecía completamente diferente al que se encontraba ahora: Era como si hubiera estado soñando todo este tiempo hasta aquel despertar inoportuno en un lugar no tan desconocido. ¿Sería posible que todo hubiera sido falso hasta ese momento? No obstante, las ropas desgarradas, el agotamiento, los recuerdos y el sable en el cinturón decían lo contrario. Había logrado salir de aquel lugar extraño y confuso, ¿Estaba en casa, aún cuando no supiera todavía cual era su casa? ¿Había llegado a otro mundo?

Comenzó a moverse, las cosas parecían empezar a tener más sentido a medida que se movía. El lugar tenía un aspecto tan familiar que incluso comenzaba a disipar la sensación de peligro, o de extravío. De algún modo su mente le decía hacia dónde girar y por qué lugares caminar. Las habitaciones estaban vacías y muy destruídas y el lugar entero pareciera haber sido abandonado hacía mucho tiempo atrás, tal vez por un desastre natural, por algun conflicto o el simple correr de los años.

No obstante la memoria venía y fluía constantemente. Aquel lugar había estado lleno de gente, casi parecía verlos caminando y corriendo por todas partes, atendiendo pacientes…

¿Por qué? ¿Por qué sabía esto? ¿Por qué estaba allí?

-Mi nombre…

Los recuerdos sobre él comenzaron a sucederse unos sobre otros. Casi no significaban nada, pareciendo más la vida de otra persona que la suya propia, pero sabía que lo más importante era recobrar su identidad. Como si todo el proceso le llevara mucho dolor, se dejó caer al suelo, y con los ojos cerrados trató de buscar entre los olas de significados y conceptos nuevos la pista que le permitiría recordarse a sí mismo.

-Mi nombre es… mi nombre es…

Las palabras se repetían incesantemente por un espacio completamente indefinido mientras que los vestigios y las ideas anteriores comenzaban a mezclarse con las nuevas. Todo parecía dejar de tener sentido y poseerlo completamente al mismo tiempo.

-Mi nombre es… Tayel…

Como un eco, la palabra se repitió en su cabeza…

Luego, el silencio.

Tras aquella sensación incómoda de vacío sonoro y de memoria restaurada, Tayel sintió que algo había cambiado a su alrededor. ¿Seguía en el mismo sitio? Abriendo los ojos otra vez se dió cuenta de que no era así, y de que todo estaba renovado ahora, como si nunca se hubiera ido.

Ahora Tayel sabía que él mismo y el mundo en que se había encontrado había provenido completamente del hospital: Este era el último lugar en el que había estado antes de encontrarse en aquella extraña dimensión desconocida de la que había logrado escapar. Gran parte de ese mundo alternativo contenía una expresión física de sus temores, sus recuerdos y sus emociones; como si hubiera estado hecha para él; salvo, por supuesto, el guardián, que venía a desbaratar cualquier teoría de ese tipo. Sus pensamientos vinieron a un alto bastante drástico cuando vino a su mente algo que había estado enterrado casi desde el principio de su larga aventura: ¡El mensaje! Regresaba a él aquella sensación inicial de que había algo que tenía que decirle a alguien. Sus memorias parecían aún no haber regresado por completo, pero parecía acercarse a la respuesta. Sólo tenía que caminar un poco más.

Ruido.

Repentinamente se levantó el estruendo de un poderoso aullido seguido de un rugido horrendo y estremecedor, que con su fuerza imponente fracturó todo el concreto e hizo que Tayel se agitara enormemente. ¿Podría aquel monstruo miserable haberle seguido hasta allí? ¿Habría sido posible? Sin esperar a una respuesta o el término de su cansada y agitada vida, comenzó a correr ciegamente y lo más rápido que pudo, dejándose llevar por la memoria instintiva que tenía del hospital y su intrincada y complicada red de pasillos y recovecos. En cosa de segundos sonaron los pasos (¿O era otra cosa?) de una bestia, que ganaba terreno con cada instante, acercándose peligrosamente hacia donde Tayel se encontraba escapando. Tenía que ser aquel monstruo negro y virulento que había logrado salir de su realidad para matarle. No cabía duda de que le atraparía en segundos… y justo en ese momento, la puerta que tanto ansiaba y buscaba, se revelaba abierta y resplandeciente al fondo del pasillo en el que se encontraba ahora.

Tayel corrió con todas sus fuerzas, su existencia entera dependiendo de ello. Tras de él, el monstruo implacable continuaba su carrera infatigable. Podía oírlo, sentirlo y horrorizarse ante el nuevo y desconocido miedo que aquel grotesco ser le inspiraba.

Tras entrar de un salto en la habitación, sintió una súbita calma. Aunque la oscuridad contaminó y se tragó tanto a la luz como a él mismo… sintió que nada podía hacerle daño.

Finalmente había alcanzado la paz.

¿O no?

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One Comment

  1. O sea que sólo se sentía feliz si lo controlaba todo, en su mundo particular. Besos
    Ana


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