Salte la navegación

Teníamos el cielo allá arriba, todo tachonado de estrellas, y solíamos tumbarnos en el suelo y mirar hacia arriba, y discutir si las hicieron o si acontecieron sin más.

-Mark Twain-

Estoy en el paraíso…

O al menos en un lugar bastante parecido a lo que tenía en mente. Debe ser, en parte, mi imaginación de todas maneras: Después del caos sin control del que acabo de escapar, cualquier lugar tranquilo podría ser el paraíso para mí; aunque no pueda durar mucho tampoco. Me está buscando, aún ahora. Y lo peor es que siempre parece saber donde estoy. Esa criatura, sea lo que sea, se está transformando en una pesadilla inconcebible. Saber que estaba en un retrato fue aún más perturbante; y ahora nunca sabré el qué es, exactamente, ni por qué estaba ahí, alimentando todavía más mis miedos.

Me siento tranquilo aquí y aunque se que es parte del ambiente más que de la realidad, he decidido descansar de mis emociones, de momento. Han sido muchos días desde que me he animado a escribir, y solamente lo hago por el deber que tengo de relatar los acontecimientos pasados. Estoy cansado de este viaje, de su irrealidad, de mi falta de lógica y de la falta de lógica que le rodea. Ni siquiera sabiendo que todo es tan extraño puedo deshacerme de tales características…

Abstraído y todo, y con el deseo desesperante de permanecer, todavía, en este sitio, haré el esfuerzo, en las siguientes páginas, de rememorar todo lo ocurrido desde la última vez que escribí, allá en esa oscura fortaleza destruída de la que conseguí huir, de alguna manera.

Recuerdo que un día desperté con una pesadilla: Dos ojos rojos me escudriñaban en lo que parecía el más oscuro vacío, y podía llegar a leerse la muerte en ellos. Cuando desperté, después de que en aquella visión unas fauces invisibles estuvieron a punto de devorar mi carne, supe que tenía que largarme. La bestia vendría.

Pero aún no estaba listo para saber la verdad. ¡Idiota de mí! Debí haber preguntado todo lo que quería y sacarme las dudas que me carcomen de vez en cuando, en los momentos de ocio en que rememoro lo acontecido. O tal vez, tal como en ese momento, no estaba listo. Me pregunto qué clase de locuras hubiera hecho. Como sea, durante el tiempo que compartí con el anciano me enteré de que ninguno de esos hombres recordaba su pasado, y que habían terminado en ese lugar igual de extraviados y confundidos que yo. Una vez adentro, elegían saber o no “la verdad”, y los que la sabía pasaban a formar parte de los líderes del grupo. Nadie allí recordaba que tan antiguo era el lugar, y cuando la edad los alcanzaba, desaparecían después de una “última cena”. No se les volvía a ver después de eso. Aprendí que la fortaleza estaba diseñada para resistir y contener a la criatura, en caso de que atacara, y que toda la información, las patrullas y las guardias estaban hechas para conocer cuando sería el momento en que eso ocurriera. Descubrí que aquella “cosa” tenía una historia increíblemente compleja y misteriosa, y que sólo podría conocerla si decidía descubrir la “verdad”; no obstante, me informaron que podía percibir la vida donde fuera que estuviera, alterar su forma a voluntad y modificar a su antojo este mundo irreal.

Fue por estas razones que revelé las visiones de mi sueño y les previne contra la criatura. El anciano, extrañamente, tomó en cuenta mis avisos y avisó mandar a preparar para el combate inminente el fuerte. Todavía a su lado, le conté de mi decisión de retirarme y buscar mas respuestas en el mundo exterior. No podían retenerme; pero sentía lástima por el anciano y su gente -mi gente- y la batalla que se aproximaba. Escuché una suave risa que me hizo acercar mi ciega mirada hasta donde se suponía que estaba su rostro y me pregunté cuando fue la última vez que oí reír a alguien. Me dijo que se me permitiría irme, e incluso me dió indicaciones de donde encontrar una salida, aunque debía ser rápido o me quedaría atrapado por culpa de los estrictos protocolos de la fortaleza. Le pregunté que era lo que iba a pasar, y entonces me habló de un combate sin tregua ni alianzas hasta la victoria (increíblemente improbable) o la completa aniquilación (totalmente posible). Recuerdo haberle pedido que se retiraran, que todos nos replegáramos, que evacuáramos, que huyeramos, pero me dijo que eso no ocurriría. Mi partida, me aclaró, se debía a que yo no estaba atado a la fortaleza ni a nada de este mundo en absoluto. Me dijo que yo era uno de esos a quienes las circunstancias no son capaces de doblegarles y buscan desesperadamente saber la verdad, pero por sus propios medios. Por eso se había reído: porque era “diferente”.

Una vez más (la última vez) me ofreció conocer “la verdad”. Recuerdo haber dicho que la descubriría por mí mismo y podría vivir con ello. Se rió una vez más, de manera más melancólica, y pareció haber cambiado drásticamente: Ya no parecía un duro hombre a punto de desafiar una tormenta de la cual no saldría vivo; parecía un ser que volvía a sentirse vivo y alegre después de muchísimo tiempo de soledad y miedo. Me preguntó si conocía algo sobre mi vida anterior y recuerdo que le confié lo poco y mucho que sabía, iincluso lo que deducía. Afirmándome que me aferrara a todo lo que recordara, porque tenía que ser una pieza clave dentro de toda esta fantasía, aquel venerable, sabio y noble anciano me dió unas palmadas en la espalda, un repaso de las indicaciones y una emotiva despedida, y antes de dar la orden de dejarme partir, me confió, a su vez, que si había algo que ni siquiera ese hombre era capaz de descifrar era que ninguno de los hombres a su cargo era capaz de recordar ni una pizca de quienes habían sido.

No mucho después de eso comenzó el ataque, la masacre y la destrucción. Tal como dijo el viejo, se enfrentaron a la bestia gallardamente y combatieron hasta el último hombre, aún cuando el miedo hubiera sido su motivación principal, más aún que el súbito cambio que experimentaron tras el inicio de los protocolos y las preparaciones al combate. Sé que ya no existen porque escuché un rugido dantesco y el estruendo de una destrucción gigantesca y sin precedentes: Era esa la caída de la fortaleza, hogar de mis camaradas y compañeros. Volvía a estar solo ahora, preguntándome si volvería a encontrar una presencia humana otra vez, después de esa catástrofe. Todavía, de vez en cuando, me lo sigo preguntando.

Recuerdo haber caminado una eternidad, dado que no sé cuanto tiempo realmente estuve caminando, ciego en la oscuridad, pero con la seguridad de las instrucciones entregadas me sentía tan triste como esperanzado, igual de miserable que abierto a las posibilidades. Recuerdo también el haber encontrado, eventualmente, un punto blanco a lo lejos, que fue aumentando a medida que yo eliminaba la distancia. Finalmente logré cruzarlo… y llegué aquí. Por un tiempo, eso sí, continué ciego y no me dí cuenta del cambio de ambiente hasta que choqué con un árbol. Luego de un par de días comencé a ver de nuevo, y me encontré con ríos, bosques, pastos y un cielo limpio y azul.

No he hecho ninguna otra cosa en este lugar que no sea el sólo hecho de sobrevivir. He buscado el descanso y el regocijo de mis viajes y mis penas y los he encontrado. Por ahora no deseo irme, y creo que tampoco será algo que llegue a producirse en corto plazo. Lo que sí sé es que llegará el día en que tenga que irme, y creo que sufriré aún más que con cualquiera de los otros sitios que he dejado.

Así que, desperté sin memorias en una ciudad perteneciente a un mundo irreal, puedo viajar en mis sueños (los cuales son reales, a su vez), nada tiene auténtico sentido, hay gente que es humana y gente que no lo es, hay criaturas extrañas sacadas de algún universo de terror psicológico, hay un monstruo que ha estado cazándome (y no ha dejado de hacerlo), hay más humanos aquí… y ninguno recuerda absolutamente nada tampoco; así como un gran misterio por descubrir, el cual pude haber solucionado inmediatamente, pero el cual pudo haberme destrozado de no haber estado preparado. Y por último, los recuerdos tienen un extraño poder; un poder que podría estar obteniendo.

Así es: Lo único bueno de estar aquí, perdiendo el tiempo en este ambiente de paz, es que he conseguido recordar la existencia de una bicicleta, un hermano y lo que parece ser un hogar modesto en un lugar modesto. Todas estas cosas las he visto en mis sueños y aún no se me han revelado. Tal vez las descubra con el tiempo, tal vez no…

Pero ya he escrito demasiado… y he perdido demasiado tiempo desahogándome. Tal vez en otra ocasión.

Aunque necesito recordar… desearía poder también olvidar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: