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Hacía buen tiempo en Klatopia cuando Immark abrió los ojos. Estaban recién comenzando las horas de la tarde, y el viento del rocoso paisaje, aunque ligeramente cálido, era refrescante comparado con otros días. Levantándose perezosamente de su lugar de reposo, caminó arrastrando sus pies hacia afuera de su propio hogar, con la intención de ir al hogar de sus padres, que no quedaba muy lejos, y comer junto a ellos; tal era la costumbre de los jóvenes solteros dentro de la comunidad.

Mientras hacía este corto, tedioso y rutinario trayecto, se encontró con algunos amigos y compañeros a los que no dudó de saludar con el típico golpe de cabeza, que de todas maneras solía ser suave para evitar inconvenientes. Venían de una exploración, e inmediatamente le habían invitado a unírseles para más adelante. Algo más despierto ahora, debido al entusiasmo de la idea, Immark caminó con más bríos y decisión hasta llegar a la casa de sus padres: Una residencia considerablemente más grande y trabajada que la suya, dado que ellos habían tenido más tiempo y manos para la fabricación de su vivienda. Siempre pensaba que quería blanquear más su vivienda y pulirla mejor, pero nunca se daba el tiempo para ello. Tal vez, si las cosas se daban bien este día, acabara por hacerlo de una vez por todas.

Mientras buscaba el aparato para abrir la puerta, miró al cielo, como solía hacer cada vez que se encontraba enfrascado en el mismo proceso (siempre había creído que la casa de sus padres tenían una posición privilegiada para admirar las estrellas, los dos soles y los planetas circundantes) y entonces, antes de apartar la mirada, notó algo diferente y extraordinario…

Apareció un parpadeante destello gigantesco en el cielo.

Asombrado, se aprestó a ingresar a la casa y llamar a su padre, sabiendo que estaría más cerca y con más disposición que su madre, demasiada ocupada en los deberes que su rol en la comunidad le exigían. Rápidamente se asomó Lak’narnie por uno de los portones internos, y ante las señas de su hijo hacia el cielo se acercó algo irritado hacia la puerta, pensando que se trataba de tonterías o algo irrelevante por el estilo, para toparse con un espectáculo visual impresionante. Cayó al suelo lo que tenía en las manos y se quedó, boquiabierto, mirando la escena, que había alcanzado tal magnitud que ya había sido notada por todos; quienes miraban, embelesados, el cielo.

—Padre… ¿Qué es eso?—Exclamó Immark.

—Eso, hijo mío, es un “Stronk”—Explicaba Lak’narnie—. Hace mucho tiempo que no veía uno de esos… y ciertamente nunca había sido tan brillante y majestuoso como este. Cuando era más joven tuve la suerte de vivir un ciclo donde varios de estos se podían avistar en el cielo; pero este, absolutamente, ha superado todas mis espectativas. Es realmente impresionante…

—¿Ah, sí?—Respondía su hijo, como hipnotizado por la luz que emanaba. Había escuchado, pero no podía quitar sus ojos de semejante maravilla; como temiendo que en cualquier momento pudiera desaparecer y él hubiera podido perderse un segundo de ella—. ¿Y cómo se producen?

—Ah, eso ya es algo un poco más triste… pero igualmente asombroso—Le dijo su padre, señalando a la luminosidad—. Cuando las estrellas culminan su largo período de agonía, pueden llegar a producir una explosión de luz y energía, tan grande y poderosa, que se ve desde los rincones más lejanos del espacio. Duran bastante antes de empezar a declinar y desvanecerse. Esta ha debido de ser en alguna constelación cercana a la nuestra, y es por eso que tenemos el privilegio de verle tan fortalecida.

—Vaya—Dijo Immark, fascinado.

—Y eso no es todo—Sugirió su padre, con una sonrisa.

—¿No?—Exclamó el otro, sorprendido de que aún pudieran haber más sorpresas.

—La explosión debió de haber ocurrido hace muchísimo tiempo atrás.

—¿Hablas en serio? ¿Hace cuantos “ciclos”?

—Muchísimos. A pesar de que la estrella debió de estar cerca, la luz demora mucho en llegar hasta nosotros. Probablemente debe de quedar sólo polvo y gases en estos momentos… aunque deban de formar ya de por sí otro increíble espectáculo.

—¡Cuántas cosas te enseña nuestra madre! ¡Ya quisiera yo que me ilustrara con sus conocimientos!

—Para eso tendrás que conseguir a tu propia “Nunkziadora”, Immark—Le dijo su padre, recordándole su soltería—. Sólo así podrás acceder al conocimiento que desees.

Se formó un pequeño e incómodo silencio luego de aquellas palabras. No era fácil hablar del tema para Immark, pero su padre creía que con la suficiente presión finalmente conseguiría que su hijo decidiera sacarse la soltería de encima y traerle prosperidad a la “Unsia”.

—Es precioso—Dijo Immark, luego de un rato, en el cual había vuelto a mirar la enorme strella parpadeante—. Me pregunto que clase de cosas habrá albergado a su alrededor esa estrella Luego de un rato de silencio reflexivo, se giró nuevamente para mirar a su padre. ¿Tú crees que haya habido vida cerca de esa estrella?

—No se puede saber, Immark—Dijo Lak’narnie, con un tono grave—. Probablemente tampoco podremos saberlo nunca, dado que semejante explosión debió de haber fundido o destruído cualquier cosa a su alrededor. Pero bien puede ser posible que haya podido haber algún tipo de vida en ellos. Tal vez algún ser reptante y extraño. Quizás incluso seres pensantes, como nosotros; aunque realmente dude yo de eso último. Ya sabes lo que han dicho de las exploraciones…

—Sí. Supongo que estamos solos—Comentó Immark.

De pronto, y tal como había aparecido de súbito en el cielo, tras un brevísimo instante en que la luz brilló con mayor intensidad, el “Stronk” desapareció.

—¡Padre, mira! ¡Se ha ido!—Dijo Immark, asustado y asombrado a la vez. ¿No habías dicho que duran mucho tiempo en el cielo?

—Eso fue lo que dije, y lo reitero. Eso significa de que algo raro ha ocurrido hoy en el espacio. Me pregunto si recibiremos información del grupo de “Iopleras” más tarde. Espero que puedan explicarnos lo que ha sucedido.

—Sea lo que sea, yo digo de que fue algo breve, pero hermoso. Tan hermoso que deseo atesorarlo en mi memoria y jamás llegar a olvidarlo.

—Espero que Dardanelon te escuche, hijo mío—Dijo Lak’narnie.

—¡Immark! ¡Lak’narnie!—Gritó una voz, que parecía venir desde más arriba del hogar, cuya portadora parecía acercarse.

—¡Fulsa, estamos aquí!—Dijo Lak’narnie, para orientarla.

—¡No me van a creer lo que ha ocurrido!

—¿Viste el “Stronk” en el cielo? ¡Jamás ví algo más extraño!—Empezó a decir Lak’narnie, para interesar a su “spruncia” en los hechos acontecidos

—¡No me interesa el Stronk! ¡Mi máquina finalmente dió señales! ¡Funcionó!

Sin mediar más palabras, los tres ingresaron al hogar y subieron rápidamente a los compartimientos superiores. Saltando el evidente desorden, los tres llegaron a la máquina que Fulsa había creado para buscar vida inteligente.

—Esto va a dar la vuelta a nuestro mundo, se los aseguro; ¡Finalmente capturé pensamientos! ¡Habían cientos, miles, de ellos! Están guardados dentro del registro y ahora sólo falta reproducirlos.

—¡Qué emoción! ¡Seremos los primeros en saber qué es lo que nos dicen los pensamientos de un ser inteligente!—Exclamó Immark, claramente impresionado por las fuertes sorpresas que se había encontrado. No mucho menos impactados estaban Lak’narnie y Fulsa… pero sus largos tiempos de vida les permitían saber disimularlo mucho mejor.

Prestos, se pusieron los cascos que permitirían que las ondas cerebrales registradas se reprodujeran en sus mentes, de manera que pudieran entender semejantes pensamientos tal como si hubieran sido los suyos propios. Así, preparados y emocionados, le dijeron a Fulsa que activara la máquina y reprodujera los pensamientos.

—Para evitar que colapse la máquina, o nuestros cerebros, he elegido un individuo aleatoriamente. ¡Aquí vamos!—Dijo, y accionando un par de dispositivos, los pensamientos comenzaron a agolparse en su interior.

“En todas las cosas existentes se esconden secretos, incluso en las que intentamos controlar o conocer en profundidad. En los rincones más profundos de lo ya descubierto siempre quedan cosas por saber. Lo extraordinario aguarda donde menos lo esperamos o imaginamos…”

Con interesantes reflexiones, los pensamientos reproducidos y los propios se mezclaban y se entrecruzaban, formando millones de preguntas y razonamientos derivados de los que ya estaban sintiendo brotar de sus interiores.

“…He visto el fin del mundo. Será en siete días…”

Lentamente, a través de las palabras del pensante, comenzaron a vivir una segunda vida relacionada con aquel ente, que parecía haber escrito y pensado al mismo tiempo. Todo ocurría muy rápido y apenas les daba tiempo para pensar; y sin embargo, comprendían inmediatamente lo que estaba ocurriendo, pese a que se hubieran sentido más tranquilos si hubieran podido descansar un poco de tantos pensamientos.

“…Todas las maravillas que hemos descubierto y que ya no podremos descubrir seguirán allí… y espero que sigan allí por muchísimo tiempo más. Es por todo esto que creo que debe de haber vida inteligente en otros mundos, muy lejanos al nuestro. Me encantaría que, si algún día descubren qué pasó aquí, puedan aprender un poco de nuestra desgracia… y no de lo que fuimos antes de ella…”

Pero la máquina no les daba tregua alguna…

“…Me traían a la memoria a gente, me recordaban pensamientos, alegrías, nostalgias, momentos involvidables con amistades y amores (reales e imaginarios). Una cascada de emociones brotaba de mi interior… y en ella cada recuerdo importaba…”

Así como tampoco les daba tregua su incesante curiosidad. Sus ansias y sus anhelos de querer saber más de aquel extraño pensante, la historia que le envolvía a él y a su especie, tragaban todos los otros pensamientos; incluso los que tenían que ver con el miedo.

“…Mientras escuchaba música para animarme a pedalear, me sentí por alguna razón como el protagonista de alguna historia de ficción, en el momento en que toma la decisión más importante de la trama. Pero pronto abandoné ese pensamiento. Me perturbaba sobremanera…”

Su curiosidad podía más.

“…El mundo es tan hermoso para lograr espectáculos como este… y saber que queda tan poco para que todo esto se acabe es casi irrisorio…”

Y más…

“…Estoy con el corazón destrozado, y con la mente y la razón fracturadas. Mi padre y madre me han notado triste estos últimos días, inclusive… y no he podido decirles de qué se trata…”

Muchísimo más…

“…El día de hoy fue maravilloso e increíble. Pero la cercanía al final lo supera absolutamente todo; incluso la alegría y la maravilla que me otorgó el día de hoy…”

Hasta que esos pensamientos llegaron a un punto definitivo. Final:

“…Adiós vida, viento, poesía, amigos, amores, familia, paisajes, recuerdos…

Adiós, lector. Hasta siempre, ha sido un gusto…”

Fulsa detuvo la máquina por un momento, y después de eso todos se miraron el uno al otro, gravemente consternados y alterados. Habían vivido con un “humano” la destrucción de su mundo y de todo lo que para él había significado. La máquina realmente había funcionado, revelándoles un hallazgo tan macabro que había conseguido un silencio sepulcral en la habitación.

Immark se sacó el casco y sin decir palabra alguna emprendió una loca carrera hacia el exterior de la casa. Sus padres le siguieron, tras sacarse sus propios cascos, preocupados de cómo pudiera haber afectado semejante experiencia a su hijo. Sólo cuando salieron del hogar lograron avistarle. De rodillas en el suelo, Immark miraba con una quietud casi fanática al cielo, ahora nocturno… y entonces lo comprendieron todo. Sus padres sólo atinaron a tratar de tranquilizarle, intentando demostrarle que realmente estaban con él en el extraño sentimiento que sólo a ellos les embargaba en ese momento. Un momento de solemnidad y de tristeza por aquellos que habían partido. En eso, como si fuera una extraña señal, o tal vez una bizarra despedida, producida por el destino mismo, desde la infinidad del espacio brotó nuevamente la luz resplandeciente que vieron en un principio. La vieron titilar unos cuantos segundos, como si estuviera diciendo adiós, y entonces la observaron extinguirse por una segunda ocasión. Esta vez, definitivamente.

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7 Comments

  1. Para esta historia hay un final alternativo. ¿Debería de agregarlo? La decisión pasa por ustedes…

  2. DEBES PONERLO PARA QUE PODAMOS OPINAR,. COMO SIEMPRE TUS RELATOS, ME PARECEN MUY INQUIETANTES. BESOS
    ANA

    • Inquietantes, ¿Eh? No siempre logro los efectos que quiero con mis escritos, pero me parece que en este caso no está tan mal, jejeje

      Un abrazo

  3. Si… deberías agregarlo…. ;)

    Intrigante historia amigo Adlien.

    Un abrazo.

    • Gracias por tus palabras, amiga. Siempre se nota tu presencia por estos lados. Eso es algo que aprecio muchísimo.

      Un abrazo

  4. Me atrapo la historia, como si sintiera que no es inventada… Final alternativo dices? Casi puedo olerlo, pero voy y lo descubro, despues te cuento.
    Un beso poseido!

    • Así que te atrapó el relato, ¿Eh?. Me alegro de eso, como siempre que me dices que te agradan mis escritos, querida amiga. El espacio es ancho y espacioso. Todo puede ser posible en él, y no todas las historias son ficción en el futuro. Más de alguna se realizó o se está volviendo real. Para nuestro bien o para nuestro mal…

      Gracias por comentar :D
      Un abrazo


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