Salte la navegación

(Advertencia: Críticas Navideñas, pensamientos propios y ajenos… y tal vez también una llamativa historia; llamando todo esto a la reflexión y el pensamiento crítico con el objetivo de rescatar su alma del consumo enfermizo. Dado que puede que no le guste lo que aquí encuentre, entre bajo su propio riesgo, dado que está advertido. Lo único que le pido es que si lo hace… lea hasta el final.)

Así como estos días de fiesta (y recogimiento para unos pocos) tienen su lado bueno, también tienen su lado malo; no obstante, están envueltos de curiosidades, novedades, locura, histeria y hechos significativamente relevantes.

Odio la Navidad. Esa es mi opinión personal. Así pienso, y así he pensado, durante muchos años. Y no: No se trata de no haber tenido infancia, no se trata de que no me dieron suficientes regalos ni cariño cuando fui un niño (¿Por qué los “tradicionalistas” siempre terminan pensando eso?), no se trata de carencia de familia, hogar o ambiente acogedor… se trata de la gente. Créanlo o no… se trata de la gente. Me considero un misántropo los trescientos sesenta y cinco días del año… pero especialmente en Navidad; porque pese al optimismo que se establece como algo seguro en estas fechas, es exactamente todo lo contrario… pues brota por todas partes lo más vergonzoso y calamitoso de nuestra humanidad.

No puedo soportar su materialismo obsesivo: El hecho de verles caminar por ahí con sus regalos, comprados especialmente a última hora; chocándose y enojándose mutuamente porque todos están apresurados. Todos están nerviosos y espectantes. Quieren lo mejor, lo más grande, lo más caro; y lo más hilarante luego son sus caras de desilusión cuando se dan cuenta de que el esperado regalo no era lo que esperaban. Es esa tradición de los regalos lo que se siente irritante. Es una fiesta cristiana, ¿No es así? ¿Por qué, entonces, hay una necesidad tan desesperante de comprar regalos, aparte de la poderosa fuerza de la publicidad? La tradición; esa es la respuesta. Desde la familia más millonaria a la más humilde hay una tradición de dar regalos. Si no se hiciera, los niños en el hogar mirarían con envidia a sus vecinos, donde todo para ellos sería felicidad y alegría sin fin porque hay regalos de por medio; razón de envidias y recelos en el futuro, porque varios vecinos (no voy a decir todos), no siendo blancas palomas, no dejarían de divertirse por el hecho de que sí tuvieron regalos y ellos no. El cristiano que se apegara a la mera celebración y no tuviera ni la más mínima cosa que regalar (salvo su presencia) se vería rodeado de miradas de enojo y desagrado, sumado a críticas de parte de su propia familia por “no haber pensado en ellos”. Si hasta con algo sencillo bastaba. Desde ese momento aquel hombre (o mujer, aunque hayan más posibilidades de que sea un hombre) quedará como tacaño hasta que llegue la próxima Navidad, donde tendrá la fortuna de redimirse, si la sabe aprovechar…

El perfeccionismo es también enfermedad recurrente durante estas fechas. El mejor árbol, mientras más adornado mejor; la cena más lujosa, vasta y apetitosa que se pueda obtener; los adornos más vistosos, luminosos y visibles; las prisas y las carreras de último minuto a todas horas para que al final todo sea perfecto, o al menos alcance la perfección. No es un día cualquiera, eso está claro; es un día de fiesta y de regalos en el que todo debe salir excelente, por lo que debe hacerse todo el esfuerzo humanamente posible para que así sea y nadie llegue a sentir que es una mala Navidad, y que probablemente algo malo irá a pasarle. De nuevo con una comparación, si nos volvemos al ejemplo de nuestro pobre, y tacaño, personaje cristiano; y hacemos que celebre en su hogar la Navidad como realmente corresponde, no sólo tendría problemas por los regalos, sino que también debido al hecho de que no hizo la gran y costosa cena, no tiene los adornos desparramados por toda la casa, y se la pasa rezando y cantando alabanzas a su señor, deseándole un feliz cumpleaños. Lo sé, apegarse a las reglas podrá ser bastante aburrido y “poco tradicional”, pero exhibe también qué tanto se ha distorsionado esta fiesta, practicada hoy por cristianos y paganos por igual.

La unión de la familia es un hecho, tristemente, sobrevalorado. Aunque llegue a ser el factor más discutible de cualquier posible crítica navideña, el hecho es que la mayoría del tiempo ocurre sólo en Navidad y/o en Año Nuevo; y eso sería todo. Dado que es parte de una tradición, es casi cosa común que las familias comiencen a reunirse y congregarse. Es una actitud que todos repiten… por lo que no tiene un grado de importancia superior al de una reunión espontánea, organizada y deseada por todos los miembros de la familia. No. Deciden esperar. Y lo que es peor: terminada toda la parafernalia… la unión y la razón principal de estadía se termina y por lo tanto rápidamente se disuelve. Ya todos comieron y recibieron sus regalos, ¿Por qué otra razón habrían de permanecer? Probablemente Año Nuevo, si piensan seguir comiendo y tienen el suficiente dinero como para quedarse unos días más.

Asi, podría gastar horas de mi tiempo desquitándome de todo lo que he pensado e imaginado… pero no voy a ser tan cruel como para perder a un potencial lector con mis críticas. El caso es que, de los varios ambientes que he visto, y vivido, para Navidad, casi ninguno llega a alcanzar aquel grado de consecuencia y honestidad (sumado a la triste modernidad) que me pudiera hacer exclamar: “¡Al fin me encuentro con una Navidad!”. Y es por esto que, dado que no puedo cambiar la celebración a algo más honesto y sincero… ni puedo prohibir tampoco celebración con tan poco sentido, que decidí no volver a vivir una Navidad más; optando en su lugar por vagar alrededor de las calles de la ciudad, viendo el desenfreno, la depravación y la miseria que me hacen plantarme más firme en mi posición: El verdadero rostro de la Navidad, pese a todo el optimismo que la televisión nos quiera vender.

Ha sido todo tan vacío, tan superficial, materialista y falso que he decidido cambiar mi concepto de “Navidad” a todo aquello que me irrita y molesta. De este modo, a veces he pretendido el termino “Anti-Navidad” para designar a lo que considero excepcional y digno de poder ser parte de una celebración de verdad. Lo pretendía, en tiempo pasado, porque no lo había encontrado; salvo hoy, día en que pese a todo lo que antes he escrito, he encontrado en un simple suceso irracional… un azaroso evento que podría haber ocurrido en cualquier otra parte, en cualquier otra ciudad, en cualquier otro país; la razón por la cual he creído ver frente a mis ojos un día de Anti-Navidad. Y así es como sucedió:

Como antes mencioné, transitaba esta oscurísima noche por las calles de mi ciudad, viendo decadencia en cada vuelta de esquina… hasta que me choqué con un extraño que, apresurado y todo, se disculpó rápidamente y continuó su torpe caminar, perdiendo varios regalos pequeños en todo el proceso. Parecía tener los bolsillos llenos de ellos. Gritándole para que se detuviera, le entregué sus preciados objetos y le dije que tuviera más cuidado. Sonriendo atolondradamente, como apenas prestándome atención, aquel extraño personaje recogió como pudo todo lo que se le había caído y tras agradecerme, continuó con su desesperado andar, bajando por la calle que yo venía subiendo.

Entonces, de manera súbita, una de persona que iba detrás de mí lo tomó por la chaqueta y le encaramó contra la pared, le puso un cuchillo al cuello y le exigió enérgicamente el dinero, de manera de que incluso yo escuché semejante demanda. Dispuesto a volver a ayudar al curioso hombrecillo, saqué mi propia arma (siempre recorro las calles nocturnas con algo para protegerme) y me escabullí como pude en la oscuridad imperante para poder acechar al ladrón y hacerle desistir de su “oferta”.  El hombre, que se había puesto claramente nervioso, le preguntó primero si no podría dejarle ir esa vez por el simple hecho de ser Navidad, ante lo cual el otro reaccionó con más violencia, agitándole bruscamente. El otro insistía en que le daría dinero o cualquier otra cosa en cualquier otro momento, porque estaba con prisa y necesitaba irse. El ladrón parecía realmente furioso y parecía que todo iba a acabar ahí; pero entonces muy para mi sorpresa, el asaltado preguntó que si acaso le reconocía… porque éste parecía ver en él a uno de sus viejos amigos de la infancia. Asombrosamente, y tras exponerle a la luz del poste, esto era cierto; e inmediatamente bajando su arma el ladrón se disculpó por lo hecho, y le contó que estaba tan desesperado que no había sido capaz de reconocerle. Tras un abrazo y una rápida aceptación de la confusión, comenzaron a charlar; tema que me pareció tan interesante que me hizo desistir de continuar mi propio camino.

Este ladrón, al parecer, necesitaba urgentemente dinero; aún cuando parecía dedicarse al hurto. Malas ideas, sus propios vicios y la simple suerte le tenían incapaz de hacer celebrar la Navidad con su familia, que eran su esposa y su hija pequeña. Al parecer venía siguiéndome a mí para probar suerte, pero se había topado con él primero y la desesperación había hecho entonces su parte. Luego de contar estos y otros detalles, fue tanta su desesperación que empezó a llorar, mientras su amigo guardaba silencio. Pero entonces, habló, y he aquí lo que me sorprendió aún más que todo lo que antes había oído:

Tranquilizándole, le dijo de que él podía ayudarle: Podía darle un trabajo para que pudiera mantenerse de otros medios que no fueran el hurto, pero a cambio tendría que dejar las drogas, los vicios y los robos. El otro, inusitadamente esperanzado ante semejante oportunidad de redención, aceptó de inmediato; agradeciéndole de rodillas semejante propuesta. Y no terminó allí: Sacando tres de los regalos que portaba consigo, se los entregó al hombre que había tratado de robarle, diciendo que eran para él, su mujer y su hija, dado que tenía planeado ir a entregárselos, sin saber antes de semejantes problemas. Aquello, hasta yo lo sabía, era el punto final de quiebre. Destrozado, imploró nuevamente el perdón de aquella persona que tan amable había sido con él. El hombre, por otra parte, le puso de pie y le dijo, poniendo las manos en sus hombros:

—No te preocupes. Es Navidad, amigo.

¡Era increíble! ¡No podía creerme lo que estaba contemplando! Luego de momentos tan emotivos, veía que todavía no había terminado. Todavía no. Pidiéndole ayuda ahora, se repartieron los regalos y se fueron apresuradamente, dado que tenían muchos obsequios que entregar, a otras personas, a otras casas, a otras familias; y de manera completamente desinteresada y filantrópica. Mientras los veía perderse, me dieron ganas de gritar la alegría que me provocaba haber sido testigo de semejante suceso. Pero no lo hice. Muy por el contrario, he venido aquí y lo he escrito lo más rápido que he podido…

¡Al fin he encontrado una Anti-Navidad!

———————————————–

—¿Y? ¿Qué te ha parecido el ensayo?

—No estuvo mal, aunque pienso que estuvo demasiado sobreactuado. ¡Rayos! En el principio gritaste demasiado fuerte, como si quisieras que hubieran querido arrestarte en ese momento.

—Pero no ocurrió, ¿No es así? No había nadie por esa calle, salvo el tipejo ese que se desapareció luego. Yo no me preocuparía…

—Tienes razón. Será una gran campaña la nuestra. Después de que filmemos semejante actuación y la expandamos por la red o la televisión, subiré a la fama y seré el político más querido de la ciudad. ¡No puedo esperar las elecciones!

—Yo tampoco. Espero que todo salga bien. A todo esto… ¿Qué hacemos con estos envoltorios vacíos ahora?

—¿Qué crees tú? ¡A la basura con ellos!

————————————————-

La imagen corresponde a uno de los trabajos fotográficos de Gerard (The St@lker ). Podrán encontrar más de sus trabajos Aquí.

Saludos

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12 Comments

  1. Hay, querido Adlien… que decirte? Por lo pronto me parece de lo mejor que te he leido!
    Ese sentimiento de que la navidad no es mas que una farsa consumista y de que muy poca gente entiende el verdadero significado. Me parecia extraño que la acción del hombre cargado de regalos fuera para ti el conocimiento de la verdad, pero claro lo que describes es la “anti.navidad” y asi si… justamente!
    Podriamos hablar largo y tendido sobre el tema, pero no quiero cansarte… Desgraciadamente se ven muchos casos de anti-navidad, solo hay que saber mirar.
    Me encanto la historia!!!
    Un beso infernal!

    • ¡Lo has leído, amiga! Me sorprende, pero también me alegra, de que lo hayas leído. Empezaba a preguntarme “¿Qué pensará Nieves si lo lee?”; jajajajaja… :D

      El tema de que muy poca gente lo entiende y todo eso es un idea demasiado manoseada y explorada por muchas personas; pero parecieran darle un tono mas positivo, a veces de tanta esperanza y de ilusión que me hace pensar que desarrollan sus ideas durante la Navidad misma.

      Y sí; por un momento, cuando leí tu comentario, casi me asusté de que me estuviera pisando mi propia cola con respecto a lo del hombre cargado de regalos, pero no es así: A lo que el hombre prestaba atención era a la amabilidad, la compasión y la ayuda con la que el “asaltado” había tratado al hombre que le, siendo incluso un amigo suyo, buscaba asaltarle. Al parecer toda aquella situación le parecía desconocida a mi personaje, razón por la cual alaba el hecho de haber descubierto un verdadero espíritu desinteresado y altruista; siendo que al final ninguno de los dos lo era…

      Pero de eso nada sabe nuestro pobre personaje :)

      Que estes bien, amiga mía
      Un abrazo

  2. Bueno, por desgracia las miserias y actitudes negativas en las familias fluyen en estos días, pero por otro lado, ¿Que hay de malo en intentar superar todo eso? Cada uno tiene su vida, sus cosas, y sólo hay una fecha en el año en el que es posible el estar juntos, ¿porque no se puede hacer un esfuerzo? Según se mire, unos harán el esfuerzo y otros no, pero hay veces que con una conversación en el momento adecuado se liman muchas asperezas y se arreglan muchas cosas. A pesar de que no te guste, feliz navidad
    Besos
    Ana

    • El personaje de esta historia es una persona tremendamente amargada, misantrópa y racionalmente negativa en su mentalidad. Te ruego, por favor, que comprendas que sus “críticas” no son, exactamente, la realidad. Algunas cosas pueden ser consideradas como “innegablemente ciertas”… pero abundan las situaciones en las que la generalidad desaparece y se vuelve un detalle insignificante.

      No es que me desagrade la Navidad; pero tal vez comparto un poco el pensamiento de mi personaje en el hecho de que son pocas las personas que realmente son felices durante esas fechas; dado el tremendo estrés por el que pasan.

      Te agradezco, Ana, que hayas leído este relato. Espero que, pese a la manera en que estuviera escrito, haya reforzado tus creencias en lugar de dañarlas; no querría menos que eso…

      Pese a que suene irónico, tras este cuento, espero que hayas tenido una feliz navidad

      Un abrazo

  3. Una pequeña parte de la gran mentira Adlien. Y te lo dice uno al que no le va nada mal con su familia. Quizá por eso disfrutemos unos de otros durante todo el año. Estoy plenamente de acuerdo con tu valoración de la falsedad, completamente. Y en la segunda parte del relato me has intrigado mucho. Muy bien relatado y muy convincente. Pensé primero que era muy fuerte la casualidad, luego que novelabas los hechos y al final se me ha hecho la luz.
    Me ha gustado mucho Adlien.
    Saludos

    • Me alegro de que este cuento te haya agradado, Juan. La falsedad ha sabido hacerse un camino a la fuerza en nuestro interior en muchos ámbitos, haciéndonos creer que es parte inseparable de nosotros. Otra mentira más…

      ¿Sabes? En un principio pensaba dejar el final en la realidad de aquellas coincidencias; pero luego me convencí de que semejantes coincidencias bienintencionadas sólo podrían darse en la ficción y por lo tanto le agregué un toque mas realista al final, apegándome nuevamente a las críticas con las que empezaba el cuento.

      Muchas gracias por comentar
      Un abrazo

  4. Nunca he podido estar mas de acuerdo con un escrito.
    Perfectamente… perfecto amigo mio.

    Un abrazo.

    P.D. – No me pasa nada… Es mi alma que anda algo extraña.
    … la culpa es de la navidad.

    • ¡Gracias! Me alegro que te haya gustado, y…

      Espero que esa alma tuya pronto encuentre su alegría nuevamente, con la cual se repare su extrañeza. A medida que pasen los días te sacarás el yugo navideño y de este año viejo. Ojalá eso sirva de algo.

      Un abrazo

  5. MMMM Acaso has dudado de que lo leyera…? me gusta lo que escribes (aunque no siempre lo entiendo) Porque te sorprende??? Siempre leo tus relatos!
    Un besazo!

    • Veo que me has entendido mal, Nieves: Me alegraba de que lo hubieras leído (todavía me alegra, jaja), en base al pensamiento que se había formado en mi mente. Pensaba en qué era lo que me comentarías, dado que ya había leido reflexiones tuyas en relación a la Navidad por ahí… y me encuentro con que el primer comentario que leo es el tuyo… ¿Cómo no iba a sorprenderme por eso?

      Yo sé que siempre lees mis relatos, y te lo agradezco mucho; y aunque digas que no siempre lo llegues a entender me alegra mucho y me es muy gratificante el que leas lo que escribo… pues es para ustedes.

      Un abrazo… y disculpa si produje un malentendido

  6. Estimado Adien,

    Después de leer tu texto, entendiéndo tu historia llevada al límite, estoy de acuerdo contigo.

    Muchas gracias por tus visitas. Un enorme abrazo.

    Montserrat

    • Tenemos muchas cosas que mejorar. Y las críticas no siempre son malas ni deben ser tomadas negativamente. Tal vez no cambie el sentido general de la Navidad; pero aquellos que así lo sientan pueden desprenderse de la falsedad que rodea estas fechas, para que así entre la verdadera luz en todo momento.

      Un abrazo


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