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El escenario estaba situado a minutos de la Medianoche, hora común para toda la clase de sucesos extraordinarios y fuera de lo común que buscan refugio en la imaginación (y la realidad) de los hombres, que gobiernan este mundo y abusan de él. En la entrada del bosque, alejado ya del círculo en que habitan los humanos, bajo la luz de una luna llena y brillante en una clara y calurosa noche de otoño —Particularmente curiosa, en comparación con la situación previa exhibida durante los últimos días— se podía ver caminar lentamente en postura reflexiva a un joven felino; habiendo dejado intencionalmente el mundo humano para sumirse en sus pensamientos.

El gato en cuestión no era nada fuera de lo común, realmente. Era de un tamaño un poco más grande que el del promedio de gatos a su edad y era principalmente llamativo por sus colores claros consistentes en naranjo y amarillo (aunque varias veces recordaba haber escuchado de boca de otros que era en realidad una tonalidad más dorada la que lo describía). Portaba un collar rojo y tenía colores blancos tanto en el pecho como en sus patas, que le hacían parecer que tuviera botas según los humanos con los que vivía.

Este gato tenía un comportamiento bastante fuera de lo común en varios aspectos; pero sentía que tenía, como si de tesoros se tratase, tres razgos de personalidad que descuadraban completamente con lo que un gato haría o diría. Estos razgos, por supuesto, no eran negativos para los hombres: Era tierno y abusaba de aquella característica, al buscar las caricias de los humanos que no le temieran o no le fueran alérgicos; a su vez, era de un carácter tán alegre que usualmente se consideraba a sí mismo alguien muy divertido, riéndose a veces también de los otros gatos que no tenían tanta suerte como él en estos asuntos. Finalmente, y la característica más odiada por los de su propia especie, era el hecho de que no ignoraba a nadie. La mayoría de los gatos rechazan los inocentes llamados  que les hacía la gente, por perseguir estos sólo sus propios intereses o tan solo negarse a seguir su voluntad. Éste gato en particular, debido a los hechos anteriores, había querido estar lo más cerca posible de los humanos y podría decirse que vivía en base a ellos. Estas molestias de los gatos crecieron rápidamente hasta que el punto de quiebre no podía estar demasiado lejos…

Y llegó. Hace unos días, había sido expulsado injustamente de la presencia de los suyos, cuando éstos no pudieron soportar más la continuación de estas actitudes, tan coloridas, alegres y joviales que profanaban su mundo gris, “basado más” según ellos “en el mundo de los hombres”. Le despreciaron por no comportarse como un auténtico gato, e ir por la vida “mendigando cariño”.

Sin embargo, pese a que este dolor era muy grande y le había impresionado en gran medida… no sería tan sólo esta pena la que lo derrumbaría. Era el hecho de sentir que todo lo que hacía no era suficiente para nadie. La gente no apreciaba sus esfuerzos ni se preocupaba realmente por lo que le pasara. Y ciertas dudas, confusiones y pensamientos comenzaron por ennegrecer su corazón.

Así, comenzó a sentirse demasiado diferente al resto. Quizá… él podía haber nacido como un gato, parecerse a un gato, tener la piel de uno de ellos y compartir muchas características físicas; siendo, sin embargo, que parecía estar enfrentándose a una tremenda y problemática crisis de identidad. Durante las noches anteriores no había sido capaz de conciliar el sueño debido a estos pensamientos perturbadores, y ahora finalmente había venido al bosque —El “santuario” de todos los animales— a encontrar algo de paz y sosiego con la cual poder desenredar el problema que tenía en su pequeña mente. Se sonrió de saber que podía hacer esto sin mucho problema, por las actitudes ligeramente despreocupadas de los humanos a su cuidado sobre sus andanzas a lo largo de la ciudad. Mientras siguiera estando cerca de la familia estaría bien; así que las noches eran suyas para hacer lo que quisiera.

Aún así, contra todo instinto de animal casero y que convive con humanos, había puestos sus pequeños pies acolchados en el bosque. ¿Era para tanto? Él lo sentía así, mientras buscaba un buen sitio para echarse a reflexionar sobre su predicamento. No era que los animales domésticos no fueran bienvenidos en el bosque… sino que era más fácil el que perdieran el camino de regreso y se volvieran salvajes y peligrosos, o murieran como víctimas de los múltiples depredadores que rondaban el área.

Sea como fuere, al encontrar el sitio apropiado, se tendió silenciosamente sobre él y pronto se hizo un ovillo. Cerró sus ojos poco tiempo después, y al hacerlo dejó que su pensamiento más preocupante invadiera todo su ser…

Se sentía como un lobo para aquellos que le miraban. Era más, pronto pensó: estaba convencido de que todo el mundo le veía como un lobo. El aislamiento que sufría, la soledad que sentía, la furia que se acumulaba en su interior por saberse incomprendido por los demás y no encontrar calma a su tormenta interior, ni siquiera pasando los mejores momentos en compañía de los seres queridos; todo aquello se arremolinaba y nublaba sus sentidos.

Él personalmente nunca había visto uno frente a sus ojos, siendo así que lo que sabía sobre estos animales era a través de las historias de los mismos humanos con los que estaba viviendo; sin embargo esto era ya suficiente para él, teniendo así una particular atracción hacia todo lo que de ellos había escuchado. Su estilo de vida solitario le había parecido más sincero que todas las cosas que realmente había hecho no sólo para ser él mismo feliz, sino que también para dar alegría y complacencia a los humanos a su alrededor. En ese instante en particular, además de recordar las otras veces que había tenido momentos en solitario, recordó la autosuficiencia que poseen muchos lobos al poder arreglárselas por sí mismos en situaciones complicadas; recordando con pequeño orgullo el cómo había podido zafarse a su manera de momentos incluso mortales, con un poco de suerte y movimientos correctos en el momento apropiado. Su fuerza era otro razgo admirable. En grupos o aún solos, no dudaban en atacar sus problemas hasta que estuvieran nuevamente en paz y tranquilidad.

El felino levantó una cabeza hacia el cielo, tratando de relajar la mente ante la vista, y miró la luna que brillaba pálidamente por sobre las copas de los árboles. Aquella sola visión fue suficiente para calmar los pensamientos que con gran velocidad agitaban su corazón, pues así como era de reflexivo también era relajado y tranquilo. Era como si aquella faceta alegre y juguetona fuera tan sólo una parte de él… pero no un razgo que realmente lo definiera. Esto alimentaba sus dudas sobre su identidad y su ser interior.

La reflexión le abrió una puerta en ese momento

Todo lo que encarnaba aquel fiero y rebelde animal le parecía una inspiración para seguir adelante hacia un nuevo modo de vida nunca contemplado antes siquiera por la gente de la pequeña ciudad. Si todos los demás lo despreciaban, si sus cualidades nunca eran vistas ni apreciadas y lo veían como un lobo… entonces lo volvería una realidad. Lo había decidido. Se volvería frío y se retiraría a su interioridad. Haría lo que quisiera de ahora en más; y si problemas surgían en base a eso, los resolvería o se adaptaría a las nuevas circunstancias.

A través de ese estilo de vida se convenció de que sería mucho más parecido a lo que un gato se suponía que era en realidad. Pero no lo hacía por demostrar algo a los demás… pretendía ahora el sólo hecho de ser libre de todo y ser el dueño de sí mismo; con eso todo quedaba claro.

Y luego otra puerta se abrió en  su interior.

Era tanto el deseo que ahora recorría su piel que hubiera querido en ese preciso momento ponerse de pie, convertirse en el lobo que creía dormido en su interior y aullarle a la luna en frenesí, mientras se convencía de que de ahora en adelante comenzarían a dominar en su mente todos aquellos instintos latentes, todas aquellas características reprimidas. Todas las puertas estaban abiertas de par en par… y no podía esperar a entrar en cada una de ellas para probar suerte. ¿Lo veían como un lobo? Pues acababan de convertirlo en uno… y estaba orgulloso de que lo hubieran conseguido.

E incluso otra puerta, otra oportunidad, más se abrió ante él.

Quizás ahora podría comenzar a vivir en el bosque, pues su mente se abría a miles de posibilidades; ni siquiera necesitaba realmente a los humanos, seres a los que ya comenzaba a despreciar ahora por darse cuenta de su crueldad y arrogancia causada por sus delirios de superioridad y grandeza. Los gatos con los que convivía en la aldea eran hipócritas a su vez, al secretamente desear toda la atención de los hombres que él, sin querer, les había quitado… y mientras todo eso pasaba en esa esfera irreal allá a lo lejos, la naturaleza le tendía los brazos en bienvenida, como al niño que estuvo mucho tiempo perdido y finalmente estaba de vuelta. Era el momento de abrazar sus raíces y dejar todo atrás. Se levantó y, decidido, comenzó a caminar más hacia el interior del bosque. Nadie lo extrañaría de todos modos y él no habría de extrañar a nadie. Comenzaba una nueva página en su vida y estaba listo para recorrerla.

No muy lejos, por otra parte, una serpiente había contemplado la escena y, aunque no había visto ningún pensamiento presente en el gato, había prorrumpido en carcajadas desde que se lo encontró deambulando por el bosque hasta ese preciso momento en que el felino se adentraba en él.

—Gato estúpido—reía el reptil—, ¿Crees que eres una víctima más de la humanidad? Te sientes rodeado de la tragedia, ¿No? ¡Qué curiosos son estos animales, que pasan tanto tiempo con los humanos!

La serpiente desde hace un tiempo le venía observando. Cuando el gato hacía sus andanzas por los bordes de la ciudad, una vez había sido visto por el sinuoso animal… y conforme se lamentaba el gato de las circunstancias que lo rodeaban, la serpiente se reía más y más de los pensamientos verbales o físicos del gato, expresados en su cuerpo y en su actitud.

—Seguro te crees un incomprendido —reflexionaba la serpiente en voz alta, como acostumbraba y gustaba de hacer—. Seguro crees que eres la gran cosa… la gran diferencia entre los demás de tu especie, ¿No?… Pues sí lo eres… pero estas tan enceguecido en tus pensamientos negativos que no te das cuenta de ello. No te das cuenta de lo especial que eres.

Por supuesto, la serpiente había podido presenciar algunos de los actos del gato sin su depresión, razón por la que más risa le daba toda aquella situación. Mientras le seguía, continuaba analizando el predicamento del gato, divertido.

—¿Te crees infeliz? ¿No te das cuenta, acaso, de todo lo que has logrado y de toda la gente a la que le has dado felicidad? Al parecer eso no te satisface… ¿O será que, a pesar de todo, tus ojos no están acostumbrados a ver más allá del camino? Que poco piensas sobre tí mismo al adentrarte en este bosque, gato ingenuo. Sólo la muerte ronda por aquí… y tú la encontrarás muy pronto si no te devuelves a confrontar tu vida en el campo que te corresponde, en vez de huir de esta manera de tus problemas.

Sabía que el gato no le escuchaba… y no hacía ningún esfuerzo para que así sucediera, de todos modos. No tuvo que pensar mucho tiempo para encontrar otra razón por la cual reírse.

—Seguramente haz de creerte un animal fiero. Un león, un tigre… o hasta un lobo. Sin embargo, lo que eres y siempre has sido es un perro. Eso es lo que eres en realidad para todo aquel que te ha visto. Has sido leal ahí donde todos los otros gatos han dado la espalda, has sido un amigo cuando lo que cualquiera necesitaba era un poco de amistad… y has sido alegría cuando jugabas con los humanos o le dabas importancia hasta al más insignificante de los seres vivos. Realmente el destino te ha traicionado.

De este modo dadas las circunstancias, el gato llegó a un pequeño riachuelo. En su orilla, comenzó a beber agua tranquilamente, mientras la serpiente le contemplaba no muy lejos.

—Nunca sabrás ninguna de las cosas que te he dicho. Es una lástima. Quizá si las supieras cambiarías tu estilo de vida; quizá si las supieras te habrías devuelto. Quizá habrías podido cambiar a toda esa gente que se puso en contra tuya, haber vencido las circunstancias en tu contra y haberte convertido en una pieza fundamental de la ciudad, aún cuando nadie jamás hubiera conocido tu nombre. Te hubieras podido convertir en el animal más grande y noble que jamás hubieras imaginado.

La serpiente entonces se agazapó tras unos arbustos, acercándose lentamente hacia el río, donde bebía agua el gato.

—Aquí ya no estamos en la ciudad, estimado gato. Tuviste tu oportunidad, la desechaste y yo no pienso darte la oportunidad de redención. Este es el bosque, la naturaleza en su estado puro, y aquí sólo sobreviven los más fuertes y los más capaces. Por eso me encantan los animales como tú… que por tristeza o resoluciones ingenuas nublan a voluntad su razón y sus instintos para probar suerte en un lugar como este, al que nunca se van a adaptar.

Y como un relámpago, antes siquiera que el gato pudiera darse cuenta, la serpiente cayó sobre él y le mató casi instantáneamente.

—¡Esta noche yo soy la muerte!

La serpiente debía de comer para seguir viva, y no iba a dudar en matar a un gato soñador o a cualquier otra clase de animal para lograrlo, pues sabía que cualquier otro animal que creyera que ella era comida se alimentaría del mismo modo. Era la ley de la vida y aquellos que no debían enfrentarla eran afortunados, siendo muy tontos los que no reconocían este logro y renunciaban al camino trazado para ellos por seguir una quimera apenas meditada.

Así, minutos después de la Medianoche, hora común para toda clase de sucesos reales y crudos que buscan refugio en la memoria de los hombres, que gobiernan este mundo y abusan de él; podemos encontrar en el bosque —alejado ya del círculo en que habitan los humanos—, bajo la luz de una luna llena y brillante; en una clara y calurosa noche de otoño, un refugio bajo un árbol medio podrido donde la serpiente reposaba su última comida: Un gato que quiso ser lobo, era un perro y fue devorado por una serpiente. Ésta tenía mucho en qué pensar antes de volver a aventurarse al exterior. Estas comidas fáciles eran sus favoritas y esperaba que pudiera encontrar otra más adelante.

—Así es la vida, amigo mío—Dijo la serpiente, en voz alta, como acostumbraba y gustaba—. Así es la vida…

La serpiente estaba contenta. Nadie extrañaría a ese gato de todos modos.

——————————

Lamento el retraso, pero aquí está finalmente mi relato sobre los animales con que salí en el test de personalidad que tomé. Pueden ver el test presente en mi otro blog Aquí.

Gracias a mi ramo de escritura, pude traerles un relato con el tema; sin embargo, la presión por hacer (y terminar) el relato, la falta de sueño y varias otras tareas o actividades universitarias me han pasado la cuenta; dejándome con dudas con este cuento en particular. Ojalá pueda ver algunos comentarios o sugerencias sobre este relato en particular.

Espero con el tiempo ir refinando la idea original para quedarme más tranquilo.

Saludos

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4 Comments

  1. creo que este es mi primera aparición en comentarios n.n, pero es como dicen, “mas vale tarde que nunca”…

    me gusto mucho tu relato, como siempre me sigues sorprendiendo, y espero nunca dejes de escribir, ya que es un talento que se nace con el, no se crea.
    sabes que no me gustan mucho los gatos, pero supongo que si ese fue el tema a exponer.. ya ni modo.
    creo, en parte, que cada uno por si desea ser un lobo, poder defenderse solo, a sabiendas que ya lo es, o es algo mas fiero, pero a veces las circunstancias son las que te hacen parecer mas manso hasta a veces olvidarte de quien eres. lo sabes. pero oculto en el interior y sin saberlo uno mismo, esta la fortaleza, solo hay que saber sacarlo para poder defenderse, y así por fin conquistar lo que uno tanto anhela.

    bueno… no digo mas… las palabras sobran n.n
    te dejo muchos saludos
    por ahi te volvere a comentar, cuando hagas otro relato n.n

    • Muchísimas Gracias, Midori, por tu querido y esperado comentario. Que mi lectora numero uno comente en mi página es más que un privilegio.

      Recuerdo muy bien tu alergia a los gatos. Hice una referencia a ella, ¿La notaste? Los animales representaban mis resultados en el test… pero me agradó esa reflexión que hiciste.

      Gracias por tus deseos de que siga escribiendo. Es siempre un total agrado contar con tu apoyo y tu presencia en esta página. Me permite hacer contacto con mis propios logros.

      Saludos!

  2. … así es la vida

    • Así dicen; pero debemos volvernos más fuertes que eso y seguir avanzando. No quedarnos con unas palabras; vivir las experiencias supera cualquier palabra que se haya dicho de ellas, ya diremos nosotros si son correctas o erradas.

      Un abrazo


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