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Carta de un hombre dejada sobre la mesa de su escritorio. Parte del archivo policial de investigación.

Hace unas noches tuve un sueño. En él, soñé que era un gran guerrero…

Me encontré flotando en cielos inmensamente vastos, en un ambiente blanco y nebuloso que parecía ser la nada misma.

Todo a mi alrededor, incluso el suelo bajo mis pies estaba cubierto por aquella espesa niebla blanca que me impedía ver los secretos de mis alrededores, y me hacía sentir como un ser completamente aislado de todo lo existente.

Comencé, sin embargo, a darme cuenta de que estaba descendiendo hacia algún lugar, pues sentía la fuerza gradual de la gravedad (o algo por el estilo) atrayéndome lentamente hacia abajo, hubiera lo que hubiera allá…

Luego de un tiempo eso si, mientras descendía lentamente de las alturas en que me encontraba inmerso, finalmente pude ver el suelo a lo lejos y en la distancia, pues había un sitio marcado que se comenzaba a hacer notorio hacia el cual parecía ir dirigido mi aterrizaje.

De pronto, surgió otra sorpresa: una potente y deslumbrante luz blanca en forma de pequeña esfera —más blanca incluso que la niebla—, que comenzó a rodearme y revolotear a mi alrededor. Por alguna razón no me sobresalté ni tuve miedo alguna de esta presencia o extraña escencia; era simplemente natural para mí… como si le conociera ya desde hace mucho tiempo o no representara ninguna amenaza, al menos.

Así, acompañado por esta entidad luminiscente continuó mi lento descenso hacia las ahora notorias y finas arenas de una amplia playa… o al menos menos eso era lo que parecía en un principio, pues no se escuchaba sonido alguno del mar ni de fuente de agua alrededor; lo cual sin embargo no me hizo imaginarme un desierto.

Aún con todas las dudas que podían surgirme en base a la tierra a la cual estaba llegando, esa arena era en ese entonces el único trozo de realidad visible entre tanta incertidumbre creada por la misteriosa niebla. Así que para mí era más que suficiente.

De repente descubrí que la luz tenía consciencia; que por así decirse estaba viva. Sin embargo no me sobresalté tampoco ante esto, pues confirmó mi creencia de que ya le conocía de alguna parte. La luz comenzó entonces, a darme órdenes; pero no de la forma convencional que conocemos el compun de los humanos, no a través de palabras; estas órdenes las sentía yo crecer en mi interior, como pensamientos propios inducidos por la luz, pues sabía que se originaban de la luz.

Estas órdenes, aunque yo en cierto modo sentía que ya las conocía, la luz había considerado necesario el reiterarlas, el recordar el por qué estaba allí. Y mientras recordaba y comprendía en mi interior las órdenes que me daban, sentía al mismo tiempo una gran alegría y regocijo; el orgullo de tener que llevar a cabo la tarea impuesta, no por ser una orden… sino porque era un honor. Las palabras que escribo se tornan en insuficientes para definir mi sentir en aquel momento, pero estaba realmente extasiado.

Finalmente, comencé a llegar al suelo. La luz se había ido segundos atrás y yo tenía más que claro lo que debía de hacer. Mis pies tocaron suavemente en la arena del curioso paisaje, y a medida que la luz que me había irradiado se iba disipando al perderse su origen en las alturas… pude distinguir tras la niebla figuras en la arena acercándose hacia mí. Habían estado esperando en silencio, refugiados en la blanca espesura, y a medida que se acercaban pude comenzar a reconocer sus formas. Eran todos seres con forma humana, hombres y mujeres, y con armaduras. Al acercarse inmediatamente me reconocieron, se formaron y nuevamente quedó todo en silencio mientras esperaban mis órdenes.

Estas personas, aún cuando se me antojaban extrañas y peculiares, no me eran del todo desconocidas. Sus facciones, sus rostros, su forma me eran muy familiares a personas que conocía de este mundo… de esta realidad en la que escribo. A través, entonces, de los fragmentos de los que disponía en ese momento para definir mi realidad de mi ficción… se me revelaba que esos hombres y mujeres ante mí eran personas conocidas: amigos míos; pese a que, aún a pesar de este hecho, parecía quedar a mi libre interpretación.

Listos y dispuestos para la batalla, estos soldados recibieron tranquilamente a través de mí las órdenes dictadas por el ser de luz. Asumiendo lo que debían hacer, órdenes a las que debiamos atenernos todos (yo incluído, por supuesto), comenzamos a prepararnos para el conflicto que estaría a punto de venir por nosotros. Por esta razón, comenzamos a caminar por la arena; nuestro objetivo no estaba lejos.

Mientras avanzábamos todos juntos, miré con detalle las indumentarias que traíamos. Todos ellos tenían la misma clase de protección y armamento que yo, salvo ligeras diferencias de diseño. Eran estas unas armaduras de un material similar al cristal, por el brillo que despedían y su semi-transparencia. Parecían de un diseño muy antiguo, puesto que me venían a la mente las épocas grecorromanas; pues precisamente la armadura cubría el pecho, los brazos, hombros, piernas y rodillas, sumado todo esto al yelmo que parecía muy inspirado en la época. Las espadas, al cinto, eran cortas y facilmente manejables. Eran muy parecidas a las espadas de los romanos y estaban hechas no tanto para el corte, sino para apuñalar.

Al llegar al sitio en el que comenzaríamos el combate, pude contemplarlo con detalle y maravillarme ante él. Me encontraba frente a una gran estructura de piedra negra muy peculiar, similar a un monolito, que parecía una enorme lágrima. Ésta flotaba sobre el suelo y tenía varios pies de altura. En su parte baja tenía un círculo de metal y cuatro estacas de metal parecían unirla a través de unas cadenas unidas al anillo. A su vez, cuatro versiones más pequeñas de la misma estructura de piedra flotaban sin protección a su alrededor, girando lentamente.

Las instrucciones que le había dado a mis soldados, y que yo tenía muy claras en mi menta estaban claras: Proteger el monolito de esta área de cualquier tipo de amenaza o cualquier extraño. Para ello, el procedimiento de rigor requería la formación en círculo alrededor de la estructura (pero a una distancia considerable), el grabado de círculos defensivos alrededor de cada uno de nosotros, la inscripción de símbolos de carácter rúnico en todo los alrededores; estableciendo, a su vez, una conexión de nuestros círculos defensivos con el gran círculo dibujado alrededor del monolito mediante líneas con las respectivas runas. Una vez hechas las defensas, sólo debíamos de luchar y mantener la posición… pasara lo que pasara. Ésta era, sin duda, la parte más difícil…

Pero el momento de empezar aún no había llegado, así que una vez fijado todos los preparativos, mis hombres comenzaron a charlar entre sí, probablemente ansiosos o inquietos ante la ya perturbadora tranquilidad del lugar. Yo me encontraba, al contrario, ligeramente apartado de ellos, sentado en la arena y sumido en mis propios pensamientos. No es que no quisiera conversar con ellos, ni decirles palabras de aliento… pero sentía en ese momento que era lo mejor para ellos.

Fue en ese breve momento de soledad previa a la batalla que se me acercó una de las mujeres del grupo. Su caminar y su rostro se me hacían enormemente conocidos; más que todos los demás. Despedía un aroma único y cautivador, que me trajo recuerdos de cientos de vidas recorridas, quizá dentro de lo que llamo la vida real, o quizá en otras realidades. Fuera como fuere, en ese momento, mientras miraba directamente a mis ojos, me señaló con su espada, reconociéndome ella también como alguien importante en su vida. Luego de ello habló…

Y rompí en llanto cuando terminó su testimonio, cayendo mis lágrimas de profundo y nefasto dolor desde mis mejillas a ese suelo arenoso que quizá nunca pisaríamos otra vez ninguno de nosotros; y bajo el cual nos habíamos ambos nos habíamos reencontrado. Como un río torrentoso comenzaron a fluir los recuerdos del pasado y sufrí el peso de los años y del tiempo en mi cuerpo y en mi alma, aprisionada. Esa mujer, que ya había partido a su posición en la defensa, era la persona que yo había amado con la más profunda devoción a través de toda mi existencia, anclada en el mundo mortal, en la realidad. Pasaron tiempos incontables, conocí a otras personas y eventualmente todos los recuerdos primigenios que trataba desesperadamente de arrastrar también se perdieron. Pero ahora se me había recordado, y sabiendo que ya nada se podía hacer, que con aquel acto todo estaba dicho y hecho, ella optó por dirigirse a su deber.

Yo ya nada podía hacer. Lo hecho, hecho estaba; así que debía olvidar el dolor y hacer lo que hizo ella. Conseguí sobreponerme y ponerme de pie. Fue entonces cuando noté que la niebla se estaba disipando. Llamé por sus nombres a los soldados y les ordené ir a sus posiciones. El evento estaba por comenzar y debíamos estar listos ya.

Me acerqué al círculo correspondiente para tomar mi posición; y pronto ella, como mis compañeros, estaban dispuestos al conflicto; quizá la batalla final de una guerra que era incapaz de conocer o siquiera comprender. Ordené el desenfunde de las espadas, di la señal de atención… y esperamos.

La niebla que nos había rodeado durante tanto tiempo desde que habíamos llegado, había comenzado a disiparse rápidamente en los últimos minutos. Pronto nos vimos completamente rodeados por una oscuridad total. Estaba en todas las areas no expuestas a la luz de las runas, el monolito y nuestra circular defensa. Todo lo demás simplemente ya no existía: Había sido devorado. Ahí estaba, frente a nosotros, nuestro enemigo.

Dí la señal de ataque; el asedio había comenzado.

Tan pronto como dije las palabras, de aquella enorme masa de tinieblas, empezaron a surgir criaturas de todo tipo. Algunas antropomorfas, otras similares a animales de la tierra, y otras sin ninguna forma conocida; o criaturas completamente retorcidas y sin forma coherente alguna. Todas corrían o reptaban hacia nosotros, los guardianes del círculo. Su verdader objetivo era el monolito, pero no podían pasar directamente si no era a través de nosotros. Ahí estaba la estrategia y la función defensiva que teníamos que llevar a cabo.

Luchamos con todo nuestro valor y habilidad, efectivamente reprimiendo todo intento enemigo no sólo de hacernos daño, sino que de logar alguna ventaja en el conflicto. La estrategia de las runas que trazamos también demostraba su grandísima utilidad, dañado y debilitando a las criaturas que salían de la masa de negrura absoluta.

Cualquier noción de tiempo o espacio pronto se perdió, pues nuestros cuerpos eran incapaces de sentir agotamiento y por lo tanto la batalla se prolongaba indefinidamente… infinitamente. Pasado, presente y futuro dejaron de tener importancia y nuestras mentes pronto se vieron concentradas solamente en el ardor de la lucha. Simplemente no podíamos caer, no podíamos fallar. Así, lentamente terminé viéndome nada más que a mí mismo luchando contra las tinieblas que nublaban mi vista de todo lo demás que existiera, siendo incapaz de pensar en nada más que en la lucha contra ellas. Era como perder la identidad, como dejar de ser todo lo que se era por cumplir un sólo objetivo, y convertirse nada más en un instrumente que repetía una función ya programada.

Pero entonces, súbitamente —y después de quizá cuanto tiempo— ocurrió algo impensable. Escuché un grito desgarrador provenir desde uno de mis compañeros; y las criaturas, casi a propósito, disminuyeron su ritmo para que pudiera ver qué sucedía a mi alrededor. Fue entonces cuando vi a uno de mis compañeros en la defensa sucumbiendo antes las sombras, las que lo arrastraban hacia la masa negra, habiéndolo separado de su posición. En ese momento yo, olvidando mi objetivo, olvidando mis obligaciones, olvidando las consecuencias, y viendo solamente a un camarada que necesitaba mi ayuda, corrí a salvarle dejando todo absolutamente atrás con semejante acto. Escuché un grito detrás de mi. Se suponía que debía de atarme a mi responsabilidad de guardián… pero era muy tarde ya. Toda mi atención estaba concentrada en rescatar a mi compañero y amigo.

Desgraciadamente, esto era un plan… esto era lo que querían las tinieblas. ¿Cómo no lo supuse? La estrategia “Divide y vencerás” era tan básica… tan conocida por mí; pero cuando ayudas a un amigo, todo queda atrás. No puedes apegarte a nadie, al parecer, o caerás…

Apenas le hube tomado del brazo para querer regresarle a la batalla, la masa oscura nos envolvió a ambos; y mientras era devorado por la oscuridad sentí como mi cuerpo y mi alma eran separados y disuelto. Fue entonces cuando emergí de mi sueño y desperté de vuelta en el mundo real.

Al despertar esa noche, con mi cara llena lágrimas y envuelto en sudor, me sentí profundamente impactado por los acontecimientos vividos. Sin saber como explicarlo, sentía como si hubiera cruzado un abismo de dolor, llanto y sufrimiento antes de despertarme por completo. Esta sensación, aunque ya había comenzado a descender producto de los segundos que pasaba consciente en mi mundo real, continuaba intacta en el recuerdo… atormentándome unos cuántos días más por no poder sacarme aquella visión de la cabeza.

Pasaron los días, las horas. Trabajé e hice varias cosas que pudieron dormir mi mente, acallar los gritos y los recuerdos que se sacudían en mi cabeza cuando cerraba los ojos. Mi indisposición a saber que fue de aquellos que quedaron atrás. El monolito había sucumbido, lo sabía. Debía de haber sucumbido. Pero no quería saber que pasó con ellos… ¡No quería llegar a ese pensamiento!

Un par de días de pues, en una noche de alcohol con mis viejos amigos, uno de ellos empezó a relatarnos un extraño sueño que tuvo unos días atrás. Creyendo yo que ya estaba completamente alcoholizado, no presté mucha atención a lo que decía; pero cuando hizo mención de las armaduras, del monolito, de las sombras, de mí… me dí cuenta de que había soñado lo mismo que yo… ¡y que él era mi compañero caído! Al reconocerle, al darme cuenta de lo sucedido, le interrumpí y le pedí que me contara lo que vió. Todo calzaba a la perfección. Me reconoció el también y sentí entonces el peso del sueño… de la realidad. De la diferencia entre ambos mundos.

Entre los presentes, habían varios a los que entonces reconocí como mis otros compañeros en la batalla, notando como un hecho curioso que ninguno de ellos recordaba siquiera algo parecido.

Y es así como me dí cuenta que de algún modo mi sueño, mi existencia en este plano debía tener alguna razón. El monolito debió sucumbir y lo que sea que protegía este de las manos del hombre ahora está expuesto.

Es demasiado tarde ya para intentar regresar. Pero puedo hacer algo aquí. En este plano en el que estoy inmerso.Es por eso que escribo estas notas, porque esta misma noche he partido… he partido a buscar mi destino y quizá nunca regrese.

Familiares, amigos míos; lo lamento mucho, pero mis acciones podrían algún día salvarnos a todos. Les deseo mucha suerte en sus destinos y en sus vidas, pues no puedo desear menos para la mía. No se preocupen; he partido con mi camarada y compañero, con el cual seguramente encontraré lo que buscamos. Pistas no nos faltarán.

“Libertas Capitur”, gente querida.

Eternamente vuestro

C. M. C.

El autor de esta carta desapareció por un tiempo aproximado de dos años. Fue encontrado muerto en compañía de su compañero en lo que parecían los restos de un extraño ritual en un bosque cercano. Los caracteres escritos en la escena aún no han sido identificados.


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Agradecimientos a la imagen, hecha por Wanbao. Podrán encontrar otras de sus obras de arte aquí.

Agradecimientos profundos también a mi primo, autor intelectual (el fue quien tuvo el sueño; verídico) que me cedió la idea para escribirla; que yo modifiqué y para la que inventé una breve trama.

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3 Comments

  1. Me encanta ya que es un relato lleno de misterio e intriga.
    Me he sentido protagonista en cada linea viviendo ese sueño en un viaje astral muy emotivo.
    me ha encantado sobre todo esa fuerte amistad.
    y dentro de lo que es un relato de ficción le veo mucho de realidad quizás porque yo creo mucho en los fenómenos extraños y en lo paranormal y el ocultismo.

  2. Me encanta ese misterio, así como destacar esa auténtica amistad entre dos amigos.
    Dentro de esa ficción yo lo he vivido como algo real, como si de un viaje astral se tratara. Quizás porque creo bastante en el ocultimo, los misterios, los fenómenos paranormales, exoterismo, parapsicología…

    • Te agradezco haber tenido el tiempo para leer este relato, un poco olvidado por las circunstancias.

      Aquellas cosas no escapan a nuestra percepción. La ciencia trata de definir lo que es real y fracasa estrepitosamente todavía. ¿Cómo delimitar algo que va más allá de los cinco sentidos? Es por ello que uno como mínimo nunca debe dejar de sospechar (si se es muy esceptico) de ciertos fenómenos que se escapan a la explicación convencional.

      La mente debe estar abierta a todas las probabilidades; estemos de acuerdo con ellas o no.

      Un abrazo


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